El II Congreso Internacional de Incendios de Interfase llamó a fortalecer la prevención y el trabajo con las comunidades
Durante dos jornadas, especialistas de Argentina, Chile, Uruguay, Portugal, España, Italia y Canadá compartieron experiencias y conocimientos sobre prevención, planificación territorial y gestión del riesgo. El encuentro, organizado por la Universidad Nacional de los Comechingones, se realizó el 1 y 2 de octubre en la Villa de Merlo.
La prevención de los incendios de interfase requiere mucho más que capacidad de respuesta ante una emergencia: implica planificar el territorio, fortalecer el conocimiento científico, articular políticas públicas y preparar a las comunidades. Esa fue una de las principales conclusiones del II Congreso Internacional de Prevención de Incendios de Interfase, que reunió durante el jueves 1 y el viernes 2 de octubre a especialistas, investigadores, profesionales y representantes de organismos públicos en la Villa de Merlo.
Organizado por la Universidad Nacional de los Comechingones (UNLC), el encuentro propició el intercambio de experiencias de Argentina, Chile, Uruguay, Portugal, España, Italia y Canadá, con una perspectiva integral que puso el foco en la necesidad de anticiparse al riesgo y construir estrategias sostenidas de prevención.
Durante la apertura, la rectora de la UNLC, Agustina Rodríguez Saá, destacó la responsabilidad de la universidad pública en la construcción de vínculos entre distintos sectores de la sociedad. “La universidad pública también debe tender puentes: puentes entre la ciencia y la comunidad, entre el conocimiento y las políticas públicas, entre las distintas disciplinas, entre generaciones”, sostuvo.

Prevenir antes de que aparezca el fuego
Uno de los ejes centrales del Congreso fue la necesidad de trabajar en la prevención mucho antes de que se produzca un incendio.
Diego Farías, del Ministerio de Bioagroindustria de Córdoba, sintetizó esta perspectiva al señalar que es necesario “hablar de fuego cuando el fuego no está”. En la misma línea, Sofía Sánchez, de la Universidad Nacional de Córdoba, remarcó que la prevención debe construirse anticipadamente y junto a quienes viven, producen y habitan el territorio.
Marcelo Alfredo Rey, del Plan de Prevención de Incendios Forestales de Río Negro, advirtió que la disponibilidad de recursos materiales y humanos no resulta suficiente si las políticas públicas no logran llegar a la población. “Podemos tener todo el dinero, todos los recursos materiales, el personal necesario; pero si no tenemos la capacidad de llegar a la comunidad, toda política pública va a ser insuficiente”, afirmó.
Por su parte, el coordinador académico de la UNLC, Gustavo Romero, planteó la importancia de fortalecer el protagonismo social en la gestión del riesgo: “No queremos solamente comunidades protegidas, queremos comunidades preparadas, organizadas y protagonistas”.
Planificación territorial y gestión del paisaje
Las exposiciones también abordaron la relación entre los incendios, las actividades humanas y las transformaciones del territorio.
El investigador del IANIGLA-CONICET Juan Rivera explicó que las actividades humanas modificaron las condiciones en las que se producen estos fenómenos y señaló que los incendios son actualmente “dos veces y media” más probables y pueden presentar una intensidad mayor que en el pasado.
Desde Portugal, Emanuel Oliveira propuso revisar la manera de abordar la relación entre las sociedades y su entorno natural. “Deberíamos pensar en ser gestores del paisaje y no gestores de fuego”, expresó, al destacar la importancia de incorporar una mirada integral sobre el territorio.
A su vez, Nadia Iasich, de la Dirección General de Ordenamiento Territorial de Tierra del Fuego, señaló la relación entre el riesgo de incendios de interfase y el crecimiento urbano. Según explicó, los valores más altos de riesgo coinciden con barrios populares y también con nuevos proyectos inmobiliarios.
Estas intervenciones pusieron de relieve la importancia de integrar la prevención en la planificación territorial, especialmente en aquellas áreas donde las viviendas, las actividades productivas y la vegetación conviven en espacios próximos.
Comunidades preparadas y protección civil
Otro de los temas centrales fue la necesidad de comprender que los incendios que afectan zonas habitadas requieren estrategias que van más allá del combate del fuego.
El especialista español David Caballero, quien participó de manera virtual, sostuvo que cuando los incendios alcanzan a la población dispersa se convierten también en un problema de protección civil. Desde Chile, Felipe Zumarán, en tanto, llamó la atención sobre la importancia del factor humano durante las emergencias.
La preparación de las viviendas y de sus habitantes también formó parte de los debates. La especialista canadiense Anabela Bonada compartió experiencias orientadas a promover un papel activo de los propietarios en la reducción de la vulnerabilidad de sus hogares.
A través del concepto Helping homeowners help themselves, planteó la importancia de brindar herramientas para que cada persona pueda prepararse y tomar medidas de protección. “Es ayudar al dueño de vivienda a ayudarse a sí mismo, porque es tu casa, si la perdés perdés tus cosas más valiosas”, explicó.
En esta perspectiva, la prevención no se limita a la intervención de los organismos de emergencia, sino que requiere información, preparación y participación de las personas que habitan las zonas expuestas.
Ciencia y conocimiento al servicio de la prevención
La articulación entre investigación científica y gestión del riesgo también atravesó las distintas presentaciones.
Miguel Méndez Garabetti, de la Universidad Nacional de San Luis y la Universidad Nacional de Cuyo, destacó que la incertidumbre es inherente a estos fenómenos y que el trabajo científico permite cuantificarla para contribuir a reducirla.
En relación con el comportamiento del fuego, Diego Ricardo Bros, de la Universidad Nacional de Misiones y el CONICET, subrayó la importancia del combustible disponible para elaborar modelos de propagación y mejorar las predicciones.
Por su parte, María Inés Campos, autora del libro La meteorología en la gestión del fuego, advirtió sobre la distancia que todavía existe entre el conocimiento científico disponible y su aplicación concreta. En ese sentido, señaló que ese vínculo “se rompe en muchos lugares porque tenemos mucho más conocimiento del que efectivamente aplicamos”.
La formación profesional fue otro de los aspectos destacados. Carina Ré, coordinadora de carrera, remarcó el aporte de la educación superior a la generación de capacidades para abordar los desafíos vinculados con la prevención y la gestión de incendios. “Cada egresado representa mucho más que un título: representa una nueva capacidad instalada en algún lugar de nuestro país”, afirmó.
Cooperación y participación comunitaria
La necesidad de fortalecer el trabajo conjunto entre organismos, instituciones y comunidades también estuvo presente en las exposiciones internacionales.
Desde Uruguay, Rafael Sosa recordó que los incendios no reconocen límites administrativos y destacó la importancia de la cooperación entre comunidades vecinas. “El fuego no reconoce los límites políticos. ¿Qué mejor que protegerme con mi vecino y con mis vecinos?”, planteó.
Silvia Calvani, de Italia, propuso avanzar desde modelos fragmentados y centrados en la emergencia hacia formas de gestión con mayor participación comunitaria. En la misma dirección, Josefina Bordino, de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), sostuvo que los saberes y la participación de quienes habitan el territorio son fundamentales para una gestión del riesgo que pueda sostenerse en el tiempo.
La planificación como política pública también formó parte del debate. Adriana Serquis, diputada nacional por Río Negro e investigadora del CONICET, destacó la necesidad de sostener la intervención estatal y la planificación frente a problemáticas que requieren respuestas de largo plazo.
Por su parte, Francisco Aruta Matsen, de Chile, invitó a revisar las explicaciones habituales sobre las causas de los incendios y a profundizar el conocimiento de los fenómenos antes de definir las estrategias de prevención.
Un desafío que comienza antes de la emergencia
A lo largo de las dos jornadas, el Congreso permitió poner en común distintas experiencias y enfoques para abordar una problemática que involucra dimensiones ambientales, sociales, territoriales, científicas e institucionales.
Las exposiciones coincidieron en la necesidad de comprender las causas de los incendios, anticipar escenarios, mejorar la planificación, fortalecer la formación profesional y transformar el conocimiento científico en herramientas concretas para la toma de decisiones.
El encuentro también reafirmó la importancia de trabajar con las comunidades, reconocer los saberes locales y promover la articulación entre universidades, organismos públicos, especialistas y actores territoriales.
El desafío planteado es avanzar hacia una gestión integral que no concentre sus esfuerzos únicamente en combatir el fuego una vez iniciado, sino que permita reducir los riesgos con anticipación y construir territorios más preparados y menos vulnerables.
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