Ciencia, Género y Territorio: las brechas en la Argentina actual
Cada 11 de febrero, el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, nos convoca a un doble ejercicio: celebrar las trayectorias de quienes han desafiado el sesgo androcéntrico en la producción de conocimiento y, simultáneamente, analizar críticamente los obstáculos estructurales que aún persisten.
El diagnóstico: Techos y paredes consolidados
Si bien Argentina destaca en la región por tener una paridad numérica en la base del sistema científico (según el diagnóstico de la Red de Género, Ciencia y Tecnología), la segregación vertical sigue siendo la norma.
Las mujeres representan aproximadamente el 60% de los/las estudiantes de grado y una proporción similar en las becas de doctorado. Sin embargo, la brecha se abre de forma pronunciada en los niveles jerárquicos: a pesar de que las mujeres son mayoría en los ingresos a carrera del CONICET, a medida que aumenta la jerarquía en la carrera de investigación, baja la proporción. Mientras que representan cerca del 54% en la categoría de adjuntas, la cifra cae al 42% en la categoría de investigadores principales. Y en la categoría Superior solo el 25% son mujeres.

Fuente: Conicet en cifras, categoría Personal por género. Últimos datos actualizados en 2024 https://cifras.conicet.gov.ar/publica/detalle-tags/03
A esto se suma la segregación horizontal, que empuja a las mujeres hacia las ciencias sociales y de la salud, mientras que las áreas STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) siguen siendo espacios sumamente masculinizados. Esta disparidad a su vez, tiene un impacto directo en la brecha salarial indirecta, ya que las áreas STEM suelen recibir mayores incentivos de transferencia tecnológica y financiamiento privado.
Actualmente, la ciencia argentina atraviesa un momento de crisis institucional sin precedentes que impacta de manera desproporcionada en las científicas. Las políticas de ajuste y la desfinanciación del sistema nacional de ciencia y técnica no son neutrales al género. El desmantelamiento de políticas de conciliación laboral y la reducción de subsidios afectan más a quienes cargan con la mayor parte de las tareas de cuidado doméstico. La falta de perspectivas de crecimiento expulsa a jóvenes investigadoras, formadas por la universidad pública, hacia el sector privado extranjero, perdiendo el Estado una inversión estratégica.
Además, se profundizan los sesgos de género en los datos y la falta de mediciones. Sin financiamiento para investigaciones con perspectiva de género, la ciencia profundiza su androcentrismo, invisibilizando problemáticas, puntos de vista y situaciones específicas.
Hacia una ciencia democrática y diversa
Desde los feminismos académicos sostenemos que no hay excelencia científica sin diversidad. La ciencia no es un campo de verdades neutras, sino un territorio de poder. Democratizar el acceso de las niñas a las aulas y de las mujeres a los centros de decisión no es una cuestión de “cupo”, sino de rigor epistémico: miradas diversas producen mejores preguntas y, por ende, mejores soluciones para la sociedad.
En ese sentido, se vuelve imperativo que la universidad pública siga siendo el faro que ilumine estas asimetrías. Defender la ciencia argentina es, necesariamente, defender el derecho de las mujeres a habitarla sin violencias ni exclusiones.
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